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martes, 27 de agosto de 2013

Se necesitan 66 días para adquirir un hábito.

Los mismos, a las mismas horas y con los mismos quehaceres. Él me observa con sus ojos perdidos, con una mirada que muestra un alma vacía. Subo las escaleras, de prisa. Ya queda menos, me digo, escondiendo esa doble emoción que todavía no tiene nombre. Pronto no volveremos a cruzarnos. Las personas y los sentimientos vienen y se van, de manera tan aleatoria como la fortuita ocasión de llenar el aire con palabras. La ocasión se gasta, la palabra desvanece y yo, haciendo uso de ambas he de despedirme.

Leo, aun por suerte, a Oliver Sacks, quien dice que algo nunca es mera pérdida o un mero exceso sino que hay siempre una reacción por parte del organismo o individuo afectado para restaurar, reponer, compensar y para preservar su identidad, por muy extraños que puedan ser los medios.

Entonces, me planteo, que esta doble emoción de la que hablo al principio es una reacción propia al aceptar que este momento ya no es más oportunidad y que la mirada de aquel hombre antes de subir a la quinta planta solo permanecerá en mi recuerdo. Mientras, nuestro destino será el de seguir con los hábitos que ya hemos adquirido, porque este encuentro nunca fue rutina y, sin embargo, todavía tengo que habituarme a mirar sin ver, como aquel hombre a subsistir sin nada de lo que vivir. Ahora habrá que compensar los sueños con la realidad.


lunes, 15 de julio de 2013

Soluciones II.

De la sensación de culpa, de la sensación de pánico, del silencio, cada cual se busca un modo de curarse. Unos se van a hacer viajes. En el ansia de ver países nuevos, gente distinta, está la esperanza de dejar atrás los propios fantasmas; está la secreta esperanza de descubrir en algún punto de la tierra la persona que pueda hablar con nosotros.

Las pequeñas virtudes de Natalia Ginzburg.

domingo, 14 de julio de 2013

Soluciones.

A veces entran ganas de arrancarle los ojos a unos cuantos para no tener que hacer lo mismo con los propios.

miércoles, 29 de mayo de 2013

Servilletas de los bares de Madrid.

Porque te tengo y no 
porque te pienso 
porque la noche está de ojos abiertos 
porque la noche pasa y digo amor 
porque has venido a recoger tu imagen 
y eres mejor que todas tus imágenes 
porque eres linda desde el pie hasta el alma 
porque eres buena desde el alma a mí 
porque te escondes dulce en el orgullo 
pequeña y dulce, 
corazón coraza.

Porque eres mía 
porque no eres mía 
porque te miro y muero 
y peor que muero 
si no te miro amor 
si no te miro. 

Porque tú siempre existes dondequiera 
pero existes mejor donde te quiero 
porque tu boca es sangre 
y tienes frío 
tengo que amarte amor 
tengo que amarte 
aunque esta herida duela como dos 
aunque te busque y no te encuentre 
y aunque 
la noche pase y yo te tenga 
y no.

Mario Benedetti.

miércoles, 3 de abril de 2013

Tierra de nadie.

Ese lugar por el que camina mucha gente, pero en el que nadie decide quedarse. Similar a una estación, Atocha por citar alguna -y esta en concreto sabe mucho de esto-, van y vienen, vuelven y regresan.

Ese carácter temporal de los meses que traen tantas cosas por caducar (y no hablamos de yogures).


Tendremos que vernos el próximo abril.
O la próxima temporada.

O cuando termine de llover en esta tierra de nadie y crezcan los cultivos, si es que no es demasiado caro. Ni demasiado tarde.

martes, 5 de marzo de 2013

Prioridades.

Durante un paseo por el barrio, de esos en los que inevitablemente chirrían las manías de siempre, decidí pararme frente a la biblioteca. Ellos la llaman BOA  porque prefirieron darle un uso por esto de que el movimiento produce cambio.Un resquicio de la ciudad que ni está desierto ni, todavía, abandonado. Es como un decálogo de amor, un tanto nostálgico, en parte complaciente. Llenar esta biblioteca será como amueblar un corazón. Sin estantes donde colocar historias (o libros), la mejor manera de llenar ese espacio de manera permanente será con todo aquello que nos permitan contarnos. Será cuestión de prioridades, o de latidos.

Por cierto, que la foto es de un cartel de la propia BOA.

sábado, 19 de enero de 2013

Aquel verano en pleno enero.


Todos tenemos nuestro refugio, un lugar en la memoria al que acudir de vez en cuando. Todos tenemos algo que nos hizo creer, eso mismo que nos empuja a ser nuestro yo de ahora.

Hubo muchos Latidos de vida durante aquel verano en pleno enero. Latidos que, afortunadamente, estoy volviendo a crear y que, en un futuro, serán prueba de lo que hoy escuchamos.