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viernes, 15 de noviembre de 2013

Estrellas en noviembre.

La primera vez me negué a regalarlo. Al cabo del tiempo, y quizá con un sentido de unidad, decidí comprar "Las lágrimas de San Lorenzo", que de una manera u otra viene a describir la fugacidad de la vida y a reflexionar sobre las relaciones. La escena es sencilla: un padre con su hijo mirando la inmensidad del cielo estrellado. A partir de ahí Julio Llamazares habla de la infancia perdida, del amor y del postamor, del alzheimer, de la saudade, de los recuerdos y del paso del tiempo...

"Todas las épocas terminan y lo mejor es dejar que se desvanezcan en lugar de prolongarlas artificialmente en el tiempo como he visto hacer a muchos ignorando que la naturaleza de éste es precisamente su fugacidad". 

En fin, no sé, será que este es el mes de las estrellas, de las que se fueron y de las que se quedaron. 

lunes, 21 de octubre de 2013

Desencuentros.

Aunque todavía haga calor para dormir entre edredones
en el fondo, por entre las sábanas, sigue haciendo frío.

domingo, 13 de octubre de 2013

Formas de medir.


A veces tan cerca, muypegadito.
A veces ........................................................................l e j í s i m o s. 
A veces en el lugar más inexacto.
A veces del 0 al 10.



A veces toca redefinir (las/se/nos)



martes, 8 de octubre de 2013

Para estos días de frío y calor...

...un párrafo de Javier Marías que dice así:

"El que cuenta suele saber explicarse...contar es lo mismo que convencer o hacerse entender o hacer ver, y así todo puede ser comprendido, hasta lo más infame, todo perdonado cuando hay algo que perdonar, todo pasado por alto o asimilado y aun compadecido. Esto ocurrió y hay que convivir con ello una vez que sabemos que fue, buscarle un lugar en nuestra conciencia y en nuestra memoria que no nos impida seguir viviendo porque sucediera y porque lo sepamos".


martes, 24 de septiembre de 2013

Hace falta mejorar cosas.

No hay nada en la vida como volar (...) ver desaparecer abruptamente la Tierra y encontrarte de pronto dialogando solo con el cielo, con ese océano traslúcido e infinito, y volver a ver al rato la patria convertida en un mapa en el cual todo te resulta minúsculo y amable. Desde arriba ya nada es lo mismo. Desde arriba, desde muy arriba, desaparecen hasta los peores problemas que uno tenga. (...).Desde arriba te parece que el mundo está en orden y todo tiene arreglo. (Roberto Ampuero)

...Pero al final, con los pies sobre el asfalto y el corazón desvelado,por ser paciente crónico de las nuevas tecnologías,abres ese email que dice "hace falta mejorar cosas".

Demasiadas cosas, pienso, tengo por arreglar.

domingo, 15 de septiembre de 2013

Guerra fría, guerra por ganar.

Qué repentino eso de luchar en un desierto abierto. De enfrentarlo con los pies hundidos en la arena. Sí, la misma arena que luego hay que sacudirse antes de cruzar el umbral que separa un erial de otro. Qué fácil el decir "esta contienda acabará", aun cuando es una guerra fría

para no perderle,
para hacerte frente,
para despedirte,
para pedirle que se quede siempre.

martes, 27 de agosto de 2013

Se necesitan 66 días para adquirir un hábito.

Los mismos, a las mismas horas y con los mismos quehaceres. Él me observa con sus ojos perdidos, con una mirada que muestra un alma vacía. Subo las escaleras, de prisa. Ya queda menos, me digo, escondiendo esa doble emoción que todavía no tiene nombre. Pronto no volveremos a cruzarnos. Las personas y los sentimientos vienen y se van, de manera tan aleatoria como la fortuita ocasión de llenar el aire con palabras. La ocasión se gasta, la palabra desvanece y yo, haciendo uso de ambas he de despedirme.

Leo, aun por suerte, a Oliver Sacks, quien dice que algo nunca es mera pérdida o un mero exceso sino que hay siempre una reacción por parte del organismo o individuo afectado para restaurar, reponer, compensar y para preservar su identidad, por muy extraños que puedan ser los medios.

Entonces, me planteo, que esta doble emoción de la que hablo al principio es una reacción propia al aceptar que este momento ya no es más oportunidad y que la mirada de aquel hombre antes de subir a la quinta planta solo permanecerá en mi recuerdo. Mientras, nuestro destino será el de seguir con los hábitos que ya hemos adquirido, porque este encuentro nunca fue rutina y, sin embargo, todavía tengo que habituarme a mirar sin ver, como aquel hombre a subsistir sin nada de lo que vivir. Ahora habrá que compensar los sueños con la realidad.